sábado, 24 de agosto de 2013

Viajar para ver III: Paolo Veronese

La obra que traigo esta vez bajo el epígrafe de "Viajar para ver" está en Londres y es una de mis pinturas favoritas desde que recuerdo. Os pongo en antecedentes:
"La familia de Darío ante Alejandro", que forma parte de la colección de la National Gallery de Londres, tiene unas medidas de 236'2 cm de alto por 474'9 cm de ancho y fue pintado por Paolo Veronese entre 1565 y 1567, representa una escena que nos ha sido contada por el autor romano Quinto Curcio Rufo en el libro III (caps. 11-12) de su obra Historia de Alejandro Magno.


Situémonos en los momentos previos de la historia que Veronese narra en esta pintura: Alejandro acaba de vencer a Darío, que se ha dado a la fuga, en la famosa batalla de Issos. Los macedonios capturan un enorme botín, ya que el ejército persa en su huída ha dejado intacto todo su campamento. Allí se encuentran algunos miembros de la familia real: la madre de Darío, Sisigambis, de edad avanzada, su esposa con su pequeño hijo de seis años y dos jóvenes princesas, nietas de la reina madre. Cuando Alejandro sabe quiénes son sus prisioneras las protege de sus propios soldados poniendo custodia ante su tienda. Un eunuco del séquito persa ve la capa de Darío en manos de un macedonio. Pensando que el rey ha muerto lo comunica a las princesas, quienes comienzan un ruidoso duelo. Alejandro se entera de ello por el griterío y envía a uno de los suyos para decirles que no deben temer por la muerte de Darío, pero al ver entrar hombres armados piensan que las van a matar. Finalmente consiguen despejar el equívoco y a través de intérpretes les informan de la situación y les dan permiso para enterrar a los persas más importantes según sus ritos, así mismo les anuncian que al día siguiente las visitará  el propio Alejandro.


Ahora es cuando viene la escena representada en el cuadro (cito a Curcio en la traducción de Mateo Ibáñez de Segovia y Orellana, 1662, salvo en la última frase que es traducción mía): "Habiendo, pues, cumplido Alejandro con todas aquellas obligaciones de piedad, envió a avisar a las reinas que pasaba a visitarlas, y haciendo retirar a todos los que le acompañaban entró en la tienda solo con Hefestión. Era valido suyo, y habiéndose criado juntos, tan dueño de su confianza y de su afecto, que no había persona que se atreviese a hablarle con la libertad que él; si bien lo hacía con tal cordura, que más parecía permisión del rey que licencia suya. Eran de una misma edad; pero de tanto mejor disposición y gentileza Hefestión, que teniéndole por rey aquellas princesas, le saludaron y reverenciaron como a tal. Advertidas empero de su equivocación por algunos eunucos cautivos, se arrojó Sisigambis a los pies de Alejandro, dando por disculpa de su yerro el ser la vez primera que le veía. A cuyo tiempo, levantándola el rey de la mano le dijo: No te has equivocado, madre, pues tambien éste es Alejandro."




Ese es el tema, pero vamos a la pintura: vemos en el mismo centro de la composición a la reina madre, Sisigambis, arrodillada y junto a ella el pequeño hijo de Darío, detrás su nuera y sus nietas en actitud suplicante son presentadas por un intérprete. El personaje vestido de rojo, que parece el más apuesto, sin duda es Hefestión. Su gesticulación indica que no es a él a quien deben dirigirse, sino al personaje con coraza que está a su lado, Alejandro. La escena es observada por un séquito de sirvientes del lado persa y de soldados por la macedonia, pero además, como en una escena de corte, o más bien de teatro, es presenciada desde las gradas superiores por una serie de personajes vistos en la lejanía.

Toda la escena tiene una enorme simetría y la composción sigue una estrica geometría, si bien sabiamente disimulada. De hecho la escena parece desarrollarse en una secuencia narrativa que va siguiendo una diagonal que trazáramos desde el extremo inferior izquierdo hasta el superior derecho. 

El efecto teatral de la composición no sólo se debe a la presencia de arquitecturas monumentales enmarcando la escena, o a los espectadores de los graderíos, sino a la misma indumentaria de los protagonistas, los macedonios están vestidos al estilo más de los soldados del teatro que al de los soldados reales de la época. Uno creería estar asistiendo a la representación teatral de un antiguo drama clásico.



La familia de Darío, Sisigambis, el hijo de Darío (el niño de rojo semioculto a su lado), la esposa y las dos princesas, vestidas a la moda veneciana con sedas adamascadas y grandes escotes.





La figura del anciano que hace de intérprete en el centro mismo de la composición. Tras él un elemento arquitectónico como la base de un obelisco o una fuente, sirviendo como foco visual.





Hefestión de perfil, con una mano parece decir a la reina que se detenga y con la otra le muestra a quién debe dirigirse





Obsérvese el uniforme de Hefestión, muy parecido a los que se usaban en las obras teatrales de la época.





El séquito de las princesas, como el de los reyes del momento, con un lacayo y tres enanos con perros, uno vestido de bufón y las otras dos vestidas a la turca.





Un joven paje apoyado en un escudo con decoración heráldica equilibra la composición al lado derecho.





Un grupo de espectadores vestidos a la turca con grandes turbantes observa la escena desde la balaustrada, pintados en colores pastel claros y difuminados para contribuir al efecto de lejanía así como para no sobrecargar la composición.


8 comentarios:

  1. He disfrutado mucho de esta lectura, acompañado del adagio de Albinoni (de Enrique). Fijate que tu post con esa música celestial realza la historia que cuentas, y te engancha. Preciosa historia, muchas gracias.

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    1. Has tenido una gran idea, puesto que el cuadro relata una historia y de algún modo es como un escenario de teatro, le faltaba además del decorado un música adecuada y no se me ocurre ninguna música más bonita y más adecuada para el caso que el adagio de Albinoni (aunque acabemos de enterarnos por Enrique que no es de Albinoni). Muchas gracias a tí, Carlos Javier.

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  2. Es una pintura increíble hasta en su mas mínimo detalle. Y siguiendo el consejo de Carlos Javier Nuñez Vazquez, mas el relato de la anécdota del cuadro...una maravilla para los sentidos! Excelente entrada. Gracias.

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    1. Pues si la vieras in situ, con ese tamaño tan enorme y esos colores tan vivos, es toda una maravilla en efecto. Muchas gracias por comentar, Soledad. Un saludo

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  3. La obra es bellísima, y el momento que relata cargado de solemnidad, a pesar de la impostura teatral de la misma.

    La descripción, minuciosa, imprescindible para la comprensión del cuadro. Me queda la duda de esa rectificación de la traducción, me imagino que la antigua traicionaría el texto latino, ¿no?

    PD. Me he hecho acompañar la lectura con Rachjmáninov, espero que no te importe ;)

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    1. Veronese consigue solucionar de un modo eficaz las grandes escenas con multitud de personajes y lo hace gracias, creo yo, a esa estricta geometría que hay detrás de sus composiciones; eso hace que todo parezca encajar de modo natural y como casual. La verdad es que es una belleza.

      La traducción del señor éste está muy bien, pero la última frase se alejaba bastante del original y le quitaba mucha fuerza.

      Rajmaninov acompaña con todo, jejeje ;)

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  4. Como dices, al natural, con su enorme formato realmente impresiona. Y sacando mi vena pictórica ¡no podría ser de otra manera! tu post me recuerda a la forma en que analizo y estudio una pintura. Al completo, grupo a grupo. personajes, una figura, un detalle, una expresión y, como no, el fondo, con su tremenda y fundamental importancia en la composición.
    Genial!!!
    ¿En tu otra vida no te dedicabas al estudio de la pintura???

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    1. Me gustaría tener alguna vez el privilegio de visitar contigo algún museo o exposición; estar delante de un cuadro en la compañía de un pintor que sabe todos los trucos del oficio y que además tiene una cultura y unas dotes de comunicación tan grandes como las tuyas tiene que ser una experiencia estupenda, espero que tengamos la ocasión.

      De todos modos, todavía hay otras dos pinturas que me dejaron impresionado en la visita a la National Gallery a las que me gustaría dedicar una entrada como ésta: La muerte de Acteón, de Tiziano y La batalla de San Romano, de Ucello. Espero poder hacerlo en el futuro.

      Ya nos va quedando poquito...uff, ¡qué pocas ganas tengo!

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